martes, 5 de enero de 2010

no podemos recordar a alguien como era antes



Una noche de esas en las que te cuesta dormir y no sabes muy bien por qué, se trata de una sensación extraña, yo diría que es una especie de ansia que pretende desbordar tus sentidos y evitar a toda costa que pases esa noche en casa - entre cuatro paredes - . A mi, cuando me pasa, si no escribo esa misma noche, pienso que voy a tener pesadillas con un folio en blanco. ¡qué me duele la imaginación! los sentidos están a flor de piel y una repentina bofetada de nostalgia me golpea sin previo aviso, entonces me entran ganas de hacer cosas, pero el cuerpo quiere fundirse con la noche y la paz que le acompaña.
a veces pienso que mi mente es como una cueva en la que - con bastante frecuencia - suena el eco de una voz o de un pensamiento. concretamente, ahora , llevo unos días escuchando unas palabras que despertaron en mí cierta curiosidad. me las dijo mi madre hace una semana: "no podemos recordar a alguien como era antes".
al principio no le hice caso, pero al pararme un instante me dí cuenta de que era verdad ya que ni haciendo un gran esfuerzo era capaz de recordar el aspecto de mis padres cuando yo era más pequeña. he hecho una incursión por la red de redes, aunque no muy profunda, con escasos resultados, si acaso con alguna reflexión.
dándole vueltas al asunto me he dado cuenta de lo superficial y prácticos que somos ya que sólo guardamos la última referencia de prácticamente todo lo que entra en contacto con nosotros, ¿y no es esto una lástima? pues claro que sí, porque en el momento que tienes tiempo para pensarlo es cuando la nostalgia te golpea, cuando tienes la sensación de que la vida y el tiempo cogen forma de granos de arena de la playa, y tu cojes puñados demasiado grandes para tus manitas. Se te escapa la vida y pasas el 99% del tiempo pensando en tonterías, se te pasa la vida deseando que llegue una fecha, pidiéndole al tiempo que corra; y te viene la vida recordando algo del pasado, y a veces, no valoramos lo que tenemos delante.
y es que al impaciente se le olvida la miel del presente.